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    Páncreas endocrino y exocrino

    El páncreas es un pequeño órgano de unos 15 cm que se encuentra situado en la parte posterior del estómago, y que realiza la función de dos órganos en uno, ya que tiene una función exocrina, relacionada con la digestión y una función endocrina, relacionada con el mantenimiento de la glicemia.

    Páncreas exocrino

    La parte de páncreas exocrino es la encargada de producir y liberar al duodeno enzimas (“tijeras”) que intervienen en la digestión: Las más conocidas son la amilasa y la lipasa, encargadas de descomponer los almidones y los lípidos de nuestra dieta.

    Uno de los riesgos de una enfermedad pancreática como una pancreatitis o un cáncer reside en que la inflamación del páncreas puede hacer que estas enzimas que están acumuladas en él se liberen y se activen en lugar de ser liberadas y activadas en el duodeno, dando lugar a la destrucción del parénquima pancreático. De ahí también que en las enfermedades pancreáticas se derive una incapacidad de hacer una buena gestión de los hidratos de carbono y los lípidos, dando lugar a pérdida de peso y diarrea como primeros signos.

    Páncreas endocrino

    Por otra parte, la porción endocrina del páncreas está concentrada en los llamados Islotes de Langherhans: Unas estructuras más o menos circulares en los que cada tipo de célula (alfa, beta, delta, células F y células G). Los islotes abundan más en la cola del páncreas, mientras que la parte de páncreas exocrino suele estar más concentrada en la cabeza del mismo.

    La principal función del páncreas endocrino es la regulación de la glucemia sanguínea, y esto es llevado a cabo por su hormona más importante y conocida: La insulina.

    ¿Qué es la insulina?

    La insulina es una hormona secretada por las células beta de los islotes después de comer y que se encarga de “abrir” la puerta de las células para que el azúcar ingrese en ellas, pues mantener niveles altos de azúcar en la sangre es peligroso para nuestro cuerpo. Si todo va bien liberaremos insulina después de cada ingesta, lo que nos permite almacenar la glucosa en forma de energía dentro de las células, excepto en personas diabéticas, donde podemos encontrarnos un doble escenario:

    • Personas cuyo cuerpo ataca a las células beta, impidiendo una correcta formación de insulina (Diabetes mellitus tipo 1). Se trata de una enfermedad autoinmune
    • O bien, debido a haber mantenido un pulso de entrada de azúcar muy elevado, las células ya no responden a la acción de la insulina (Diabetes mellitus tipo 2)

     

    En contraposición, otra hormona secretada en el páncreas, el glucagón, es liberado en las células alfa, y hace justamente el efecto contrario: Aumentar la glucemia. Así, entre estas dos hormonas más la somatostatina liberada en las células delta, nuestro páncreas ejerce como un finísimo centro de control de la glucemia sanguínea.

    Al igual que ocurre con la parte exocrina, si nos encontramos en una situación de patología, este fino equilibrio puede romperse. De hecho, la aparición de una diabetes progresiva en una persona de más de 50 años sin factores de riesgo ni antecedentes familiares, puede ser una signo que nos ponga sobre alerta de un posible tumor pancreático, una enfermedad extremadamente agresiva que debe abordarse de forma multidisciplinar.


    Artículo validado por el Dr. Juan Carlos Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo en Hospital Ruber Juan Bravo (Quironsalud) y Director Médico en Oncocir.  Especialista en Cirugía General, Aparato Digestivo de Trasplante de Órganos (European Board Certified). Profesor Titular de Cirugía en la Universidad Europea de Madrid


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