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¿Qué es un embarazo ectópico?

Para que un embarazo pueda desarrollarse con normalidad, es fundamental que el óvulo fecundado se coloque y ‘anide’ en el espacio que está preparado para su desarrollo, el útero. Principalmente, porque el cigoto necesita, por parte de la madre, de un aporte básico de sangre y nutrientes para germinar correctamente y dar lugar a una nueva vida. Y esto es algo que solo garantiza el endometrio, que no es más que la capa de mucosa que recubre el útero y que, por tanto, reviste todo el espacio donde se podrá desarrollar la placenta con el feto en su interior.

Sin embargo, es algunos casos excepcionales el óvulo fecundado no se sitúa correctamente en las paredes del endometrio y lo hace en un lugar inapropiado, como puede ser una de las trompas de Falopio, uno de los ovarios, el cuello (cérvix) del útero o incluso el abdomen. Y es en estos casos cuando hablamos de embarazo ectópico.

Por todo ello, no es muy complicado de imaginar los problemas que puede generar para la madre y para su embarazo que todo este proceso no se realice correctamente. De hecho, es bastante infrecuente que este pueda desarrollarse y acabe dando lugar al nacimiento de un bebé sano. Aunque tampoco es imposible, como demuestra el caso de una niña australiana en 2008.

Un problema que no ha hecho más que crecer en los últimos años

De hecho, y aunque no es habitual (en España afecta al 2 % de las gestaciones), el embarazo ectópico es un problema importante al constituir la principal causa de muerte de la madre durante el primer trimestre de embarazo. En concreto, hasta 2004 se calculaba que esta complicación originaba entre el 5 % y el 12 % del total de los fallecimientos durante el proceso de gravidez. Básicamente porque al crecer fuera de lugar, el feto compromete el órgano donde se ha alojado, lo que incluso puede llevar a su estallido y a fuertes hemorragias internas.

Además, en las últimas décadas se ha apreciado una tendencia ascendente en lo que respecta al número de casos de embarazos ectópicos en todo el mundo. En la pasada década de los años 70, se consideraba que cerca de 1 de cada 200 embarazos era de este tipo; mientras a principios del s.XXI la estadística había pasado a ser inferior a 1 de cada 150 casos e incluso a acercarse al caso por cada centenar de gestaciones.

¿Y esto a qué se debe? Pues fundamentalmente, a las siguientes razones:

  • al incremento del número de mujeres que se someten a técnicas de reproducción asistida,
  • al retraso en la edad de maternidad al ser más habitual entre las mayores de 35 años,
  • al aumento de mujeres que utilizan técnicas anticonceptivas como el dispositivo intrauterino o DIU,
  • a una mayor incidencia de la enfermedad inflamatoria pélvica y de la endometriosis,
  • a los casos de pacientes con cirugía abdominal previa,
  • a la mejora en las técnicas de detección de los embarazos ectópicos,
  • al propio crecimiento del número de mujeres que han tenido algún embarazo ectópico previo,
  • o incluso a las elevadas tasas de tabaquismo en la sociedad actual.

Síntomas y diagnóstico

Normalmente, los síntomas de los embarazos ectópicos no se diferencian mucho de los embarazos normales. Aspectos como las náuseas, la ausencia de menstruación, una mayor sensibilidad o presencia de debilidad y cansancio son señales de la gestación; pero si con el paso de las semanas a todas ellas se añaden otros problemas más importantes, será necesario acudir inmediatamente a urgencias para que la madre sea sometida a una exploración.

Hablamos de síntomas como los siguientes:

  • Sangrado vaginal, acompañado de dolor en la pelvis o en la zona abdominal.
  • Dolor pélvico o abdominal anormal, aunque no se aprecie el mencionado sangrado. Suele ser más común que se localice en un lado o incluso se presente en forma de lumbago, y quizá se haga más patente al moverse.
  • Dolor en el extremo de uno de los hombros. Este suele ser causado por el diafragma, ya que si una de las trompas de Falopio se desgarra y sangra, el hematoma pueden alcanzar este músculo y afectar a sus nervios, haciéndose notar en la parte superior del tórax.
  • Sensación de debilidad y mareo, producto de la hemorragia interna.

En todo caso, ante la aparición de los síntomas habituales de embarazo, un doctor se encargará de verificarlo a través de diversas pruebas. Un simple análisis de orina puede ser suficiente para confirmarlo, aunque para descartar un embarazo ectópico habrá que recurrir a métodos más exhaustivos.

Estos incluyen un par de análisis de sangre para detectar los niveles de gonadotropina coriónica humana, hormona que si se presenta en bajas cantidades puede ser indicativo de este problema; una prueba de ultrasonidos para visualizar el útero e incluso laparoscopia para los casos menos claros. Este es un procedimiento en el que se emplea una cámara telescópica para observar el interior de las trompas de Falopio.

Tratamientos y secuelas

En numerosos ocasiones, los embarazos ectópicos terminarán de forma espontánea y natural por la inviabilidad de que el óvulo fecundado pueda prosperar. Sin embargo, también habrá casos en los que la gestación avance y comprometa la vida de la madre, por lo que será necesaria una rápida intervención para subsanar el problema. De esta forma, normalmente el tratamiento dependerá del estado de la preñez, de la localización del feto y de los daños que este haya podido producir en la mujer al crecer.

Para las situaciones en las que el riesgo sea menor, bastará con la aplicación de un medicamento llamado metotrexato, el cual suele ser efectivo para terminar con el embarazo. Pero si esto no es así o si la gestación está ya en un estado avanzado, el feto ha roto algunas de las trompas de Falopio o está creciendo fuera de ellas y del útero, será preciso que la mujer se someta a una cirugía. Y la gravedad y dificultad de esta también dependerá del estado de la paciente, porque en algunos casos será suficiente con una simple laparoscopia y en otros habrá que recurrir a una intervención abierta (laparotomía) para extraer el embrión.

Así, una vez que se corrija este problema, la mujer podrá volver a quedarse embarazada si sus órganos reproductores conservan su funcionalidad normal tras el tratamiento. Aunque hay que destacar que cerca de un 15 % de las féminas que han sufrido durante su vida un embarazo ectópico pueden experimentar otro más adelante.

En consecuencia, el hecho de haber protagonizado uno previamente genera mayor predisposición; si bien realmente se trata de un problema que puede suceder a cualquier mujer. Aunque para reducir su incidencia es básico no fumar y evitar, en la medida de lo posible, recurrir a métodos anticonceptivos que puedan afectar al útero y a las trompas de Falopio.

Artículo validado por la doctora Arantxa Moreno, Jefa de Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo y socia fundadora de Onocir.

 

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