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¿Qué es la colonoscopia y para qué sirve?

En España, el tumor colorrectal es el tipo de cáncer más frecuente. Según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), a lo largo de este 2020 se diagnosticarán unos 38.000 nuevos casos de esta enfermedad, lo que supone una incidencia de 82 positivos por cada 100.000 habitantes. Por eso, una de las pruebas médicas pensadas para su diagnóstico, la colonoscopia, es una de las más habituales en el país. En concreto, en 2017 se calcula que se realizaron a nivel local 143.914 de ellas, como parte del Programa de Cribado de Cáncer de Colon y Recto (PPCR).

Pero, ¿en qué consiste exactamente la colonoscopia? Es una técnica de tipo endoscópico, ya que utiliza una pequeña cámara adherida a un tubo largo, fino y flexible que incorpora iluminación. Este se introduce a través del ano del paciente, para tratar de visualizar el estado de su recto y la parte inferior de su intestino grueso, el colon. De esta forma, el doctor puede apreciar con detalle la situación interna del final del aparato digestivo para realizar un diagnóstico preciso.

Se trata, por tanto, de una intervención mínimamente invasiva y normalmente de carácter ambulatorio. Esto permite que, en condiciones comunes, la persona que se somete a ella pueda recibir el alta el mismo día de que se lleve a cabo y que se pueda establecer un primer diagnóstico de manera casi inmediata. De ahí que sea tan habitual y que, a partir de los 50 años sea recomendable someterse a ella una vez cada cuatro años a modo de revisión, o a partir de los 40 si el paciente tiene antecedentes familiares de cáncer colorrectal.

Las finalidades de la colonoscopia

Como acabamos de indicar, es aconsejable realizarse colonoscopias periódicas una vez que se supera la mediana edad. Pero también hay situaciones en los que el médico opta por esta técnica para identificar el origen de problemas puntuales de tipo digestivo. De hecho, normalmente estas son de gran utilidad para los siguientes casos:

  • Localizar e investigar molestias o problemas intestinales: Si el paciente presenta síntomas como dolor abdominal, sangrado rectal, diarreas o estreñimiento crónico, pérdida de peso, anemia, etc. y las causas no están claras. En estos casos, la observación directa es la mejor forma de intentar localizar la raíz del problema.
  • Presencia, seguimiento y extracción de pólipos: Los pólipos intestinales son restos de tejido y tumores de tipo benigno que pueden dificultar la digestión y la evacuación, por lo que la colonoscopia es muy útil para hacer un seguimiento de estos e incluso eliminarlos, en los casos en los que suponen una molestia para el paciente.
  • Análisis para detectar casos de cáncer colorrectal: Si hay síntomas, el empleo de esta técnica es fundamental para confirmar el diagnóstico y si no los hay, simplemente será útil para comprobar que no hay ningún tumor y que el paciente está sano. No en vano, el mencionado PPCR es el programa nacional para el diagnóstico precoz de esta enfermedad, el cual puede mejorar considerablemente la expectativa del paciente.

En definitiva, las colonoscopia tienen una función diagnóstica y de prevención. Su importancia es tal que, según datos de la Asociación Americana de la Endoscopia Gastrointestinal (ASGE), cerca de 30.000 vidas al año se salvan en los Estados Unidos gracias al diagnóstico precoz del cáncer colorrectal, el cual cada año afecta en este país a cerca de 150.000 personas.

Características de la prueba

Habitualmente, días antes de la realización de esta prueba el médico entregará al paciente un documento que deberá leer para dar su autorización y otro con la dieta a seguir en las horas previas. Lo habitual es que este solo ingiera líquidos durante el día anterior y que tenga que tomar por vía oral una cantidad elevada de una solución de limpieza especial o incluso laxantes. La intención es que estos líquidos limpien bien el intestino grueso, para asegurar la accesibilidad y la movilidad del endoscopio.

Posteriormente, al llegar el paciente se le entrega una bata de hospital para que se cambie y se le pide que se eche sobre la camilla, de costado o de espaldas. Y el especialista (gastroenterólogo) procede a insertarle el colonoscopio y observa en un monitor la imagen de este. La duración de la prueba dependerá de cada caso, pero normalmente no lleva más de 45 minutos y apenas provocará molestias – a lo sumo, pequeños calambres -. De hecho, antes se suele administrar un calmante o sedante para relajar a la persona, sobre todo si durante la prueba se va a realizar una biopsia o se van a extraer pólipos.

Esta prueba supone insuflar aire en el colon y en el recto para mejorar la maniobrabilidad, por lo que una de las molestias más habituales tras la intervención es la presencia de bastantes gases. Y a esto se puede añadir un sangrado leve si es preciso realizar algún corte para extraer tejido o eliminar pólipos. De hecho, en casos muy excepcionales se puede producir una perforación del colon, lo que requerirá de una operación posterior para curar la lesión.

Al terminar, el paciente deberá permanecer entre una y dos horas en el centro médico hasta que se pasen los efectos del sedante. Y, lógicamente, no podrá conducir ni operar con maquinaria pesada en ese mismo día, así como tampoco tomar decisiones importantes. De hecho, es recomendable que esté pendiente de su estado, porque además de la presencia de gases y de posibles pequeños sangrados, también pueden darse casos – muy infrecuentes – de infecciones leves o de reacciones adversas al sedante administrado, de tipo respiratorio o arterial.

Una prueba segura y eficaz

En definitiva, la colonoscopia es un procedimiento común para diagnosticar patologías intestinales y que se realiza habitualmente de forma segura y rápida sin causar apenas molestias para el paciente. En los casos en los que no se aprecian lesiones, el diagnóstico será casi inmediato, pero si el doctor que la realiza descubre pólipos, indicios de tumor o heridas procederá a realizar una biopsia, por lo que los resultados se demorarán varios días. Todo con el objetivo de velar por la salud del paciente y, de esta forma, poder lidiar con problemas de gran importancia como el cáncer colorrectal, el cual en 2018 provocó más de 15.000 muertes en España.

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Artículo validado por el Dr. Juan Carlos Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo en Hospital Ruber Juan Bravo (Quironsalud) y Director Médico en Oncocir.  Especialista en Cirugía General, Aparato Digestivo de Trasplante de Órganos (European Board Certified). Profesor Titular de Cirugía en la Universidad Europea de Madrid

 

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