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Enfermedad de Crohn, ¿cuándo es necesario intervenir?

Como Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) que es la Enfermedad de Crohn supone un problema creciente para la sociedad actual. Al igual que ocurre con la Colitis Ulcerosa, en los últimos años se está detectando una mayor incidencia de esta patología concreta, la cual se calcula que afecta a más de 100.000 personas en toda España. Por ello, se hace necesario intentar conocer mejor su origen y sus características, ya que hablamos de un problema bastante incapacitante que, en no pocos casos, obliga al paciente a someterse a una intervención.

Síntomas muy variables de una enfermedad que puede afectar a muchas zonas

Descubierta y detallada en 1932 por el doctor que le puso nombre, podemos señalar que la Enfermedad de Crohn es de tipo inflamatorio y puede incidir en cualquier punto del sistema digestivo, desde la boca al ano. Además, una vez que hace acto de presencia se convierte en crónica, ya que afecta al paciente a través de etapas o brotes que preceden a períodos de calma o  de remisión. Estos incluyen los siguientes síntomas principales:

  • dolor abdominal y calambres en la zona afectada,
  • diarreas, y
  • pérdida de peso.

Sin embargo, dado que puede incidir en cualquier parte del tubo digestivo, este problema también viene muchas veces acompañado de otros síntomas secundarios de carácter variable. Estos normalmente tienen relación con la zona donde está localizado el foco de la enfermedad, por lo que vendrán dados por la situación de cada paciente:

  • anemia y sensación de cansancio generalizado,
  • enrojecimiento y dolor en los ojos,
  • episodios de fiebre,
  • náuseas y pérdida del apetito,
  • aparición de marcas y protuberancias rojas en la piel que además presentan sensibilidad,
  • afectaciones de tipo articular o locomotor.

Dos enfermedades inflamatorias Intestinales que son parecidas, pero diferentes

Normalmente, la Enfermedad de Crohn se siente de forma muy amplia, aunque tiende a afectar más al intestino delgado (región del íleon terminal o distal). Mientras tanto, la Colitis Ulcerosa suele estar mucho más localizada y acostumbra a hacer acto de presencia en el intestino grueso (colon y recto, principalmente). Y, para completar las diferencias entre ambas, podemos incidir en que la primera es menos frecuente (42 % de los casos de EII frente al 58 % de la segunda) y acostumbra a producir inflamación en todas las capas del intestino, llegando incluso a provocar complicaciones como fístulas o estenosis.

De hecho, si la Enfermedad de Crohn no se trata adecuadamente o tiene una mala evolución, puede desencadenar otros problemas más importantes para la persona afectada:

  • Las mencionadas fístulas, conexiones o canales anormales que unen dos partes concretas del cuerpo, como dos zonas diferentes del intestino o incluso una región de este con otro órgano. Se calcula que una de cada cuatro personas afectada por la Enfermedad de Crohn desarrollará una fístula en algún momento de su vida.
  • Obstrucción intestinal, a consecuencia de un estrechamiento del intestino por la inflamación o por la acumulación de tejido fibroso tras un proceso de cicatrización. Puede generar cólicos e intolerancia a la dieta, manifestándose en forma de vómitos.
  • Deshidratación y pérdida de nutrientes fundamentales, requiriendo en ocasiones que el agua y los minerales sean repuestos por vía intravenosa.
  • Lesiones intestinales de gravedad, como fisuras y úlceras.
  • Hemorragias que hagan acto de presencia a través de las heces.
  • Incremento del riesgo de sufrir cáncer colorrectal, sobre todo en los pacientes que llevan más de 10 años experimentando la enfermedad.

Tratamiento y necesidad de intervención

A día de hoy no hay cura para la enfermedad de Crohn, por lo que el objetivo del tratamiento pasa por paliar estos brotes en la medida de lo posible y por mejorar la calidad de vida del paciente. En concreto, hay medicinas que se han mostrado bastante efectivas para paliar sus síntomas, como los aminosalicilatos, corticoesteroides, inmunomoduladores o las basadas en terapias inmunológicas, entre otras. Y junto a ellas, también se recomienda en ocasiones seguir un período de reposo intestinal, el cual suele implicar una dieta blanda o incluso dejar temporalmente de tomar alimentos.

Pero, a consecuencia de las complicaciones que esta enfermedad suele generar durante su transcurso, se estima que más del 50 % de sus afectados acaban pasando en algún momento por el quirófano. Una proporción mucho mayor que en el caso de la Colitis Ulcerosa, porque únicamente entre el 10 y 20 % de sus pacientes acaban requiriendo de una intervención.

En la Enfermedad de Crohn hablamos de operaciones diversas que dependerán del problema concreto del paciente y de su gravedad. Desde extirpar una zona del intestino a solucionar problemas de obstrucción u ostenosis, pasando por la cura de fístulas, la detección de hemorragias o la realización de una estomía. Así que en la mayoría de veces, esta intervención se realizará para mejorar la condición general de salud del enfermo e incluso para corregir un problema agravado que pueda poner en riesgo su vida.

En cualquier caso, las mencionadas operaciones requieren de anestesia general e implican el ingreso hospitalario durante unos días, pudiendo extenderse incluso a una semana, en función de su importancia. De hecho, precisarán también de un período de reposo que podrá llegar al mes.

Sin origen claro, pero con pautas para reducir el riesgo de aparición

Al tratarse de una Enfermedad Inflamatoria Intestinal, la Enfermedad de Crohn puede dar la cara en cualquier momento, aunque es más habitual que se presente durante las tres primeras décadas de vida. No en vano, no se conocen bien sus causas; aunque se apunta a que es el resultado de una reacción autoinmune a factores externos, como el empleo de antibióticos, el abuso de dietas bajas en fibra y ricas en azúcares refinados y, lógicamente, la existencia de antecedentes familiares. Y es que se ha constatado que en torno al 10 % de sus afectados tienen un familiar de primer grado que también la sufre.

Así que, para intentar evitar padecer esta patología, solo queda seguir una alimentación equilibrada, llevar a cabo un estilo de vida saludable, evitar abusar de la ingesta de medicamentos y controlar, en la medida de lo posible, el estrés y la ansiedad, porque los nervios y la tensión también pueden actuar como catalizadores.

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Artículo validado por el Dr. Juan Carlos Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo en Hospital Ruber Juan Bravo (Quironsalud) y Director Médico en Oncocir.  Especialista en Cirugía General, Aparato Digestivo de Trasplante de Órganos (European Board Certified). Profesor Titular de Cirugía en la Universidad Europea de Madrid

 

 

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