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¿Cuánto tarda en cicatrizar una herida quirúrgica?

Las incisiones que se realizan en numerosas intervenciones quirúrgicas provocan heridas en los pacientes que complican y alargan sus procesos postoperatorios. Por eso,  el objetivo de estos es el pleno restablecimiento de cada uno de los afectados y la  curación más rápida y satisfactoria posible de las lesiones necesarias que se les causan durante las operaciones.

Por lo tanto, uno de los aspectos más importantes dentro de la etapa de recuperación de los pacientes quirúrgicos es el proceso de cicatrización. Este es un fenómeno natural que el propio organismo está preparado para hacer por sí solo, pero que tras una operación se refuerza y consolida a través de diversas técnicas, como las suturas y las curas. Todo con la intención de que la herida se cierre con las mínimas molestias para el afectado y sin apenas marcas apreciables en la zona dañada.

Pero, ¿realmente qué es realmente la cicatrización? ¿Qué factores influyen en este proceso? ¿En cuánto tiempo aproximadamente se puede decir que la herida estará cerrada y curada? Sobre todo ello vamos a dar respuesta a continuación.

Las heridas agudas, las idóneas para una correcta cicatrización

Entendemos como herida la lesión que se produce en un tejido exterior por diversas causas, desde enfermedades a golpes, rozaduras, cortes, etc. Y entre los factores que pueden provocarlas están las intervenciones quirúrgicas, ya que en la mayoría de las ocasiones los doctores y cirujanos que las llevan a cabo necesitan acceder al interior del cuerpo del paciente para corregir su problema de salud.

Además, dentro de las heridas podemos establecer dos categorías, las de tipo agudo y las crónicas. Las primeras son lesiones puntuales por una alteración de la estructura anatómica del tejido a consecuencia de una acción cinética, química o térmica. Mientras que las segundas son consecuencia de problemas constantes o recurrentes que alteran por alguna razón el desarrollo normal de la cicatrización y que, por tanto, no se pueden curar adecuadamente y acaban generando molestias y dolores habituales.

Por sus características y origen, la mayoría de las heridas quirúrgicas se clasifican dentro de las agudas, de forma que su expectativa de curación suele ser bastante buena. En estos casos, la lesión en el tejido se produce de forma controlada por parte del doctor que interviene y la sutura posterior se realiza nada más finalizar la operación. Lo cual permite iniciar su proceso de recuperación de forma inmediata y bajo unas condiciones de higiene adecuadas.

La cicatriz, un mal necesario que depende de muchos factores

Sin embargo, no todas las heridas curan igual de bien y de rápido. Existen varios factores que condicionan su pronóstico:

  • Zona en la que se ha producido la lesión, porque cada tejido responde a las heridas y se cura de forma distinta. Así, partes del cuerpo húmedas, próximas a articulaciones o sometidas a roces y presión suelen tener más problemas para sanarse.
  • Tipo de herida y su profundidad: La cantidad de tejido que se pierde, el tamaño de la incisión o los bordes de la lesión influye en el proceso de recuperación, ya que cuanto más aparatosa y profunda sea esta, más tardará en sanar.
  • Características genéticas del paciente: Cada cuerpo reacciona de forma distinta a las heridas y cicatriza de distinta manera.
  • Edad del paciente: A más edad, más dificultades para regenerar las heridas. A partir de los 30 años el organismo trabaja cada vez más lento para restablecer la piel afectada.
  • Estado de nutrición y de hidratación del paciente: La falta de vitaminas (como la A y la C) y de minerales; y una mala hidratación provocan que la piel pierda salud y que, por tanto, no pueda sanarse correctamente si lo necesita. ¿La razón? Cuando el organismo se prepara para llevar a cabo la cicatrización, no cuenta con las ‘materias primas’ para regenerar el tejido.
  • Existencia de patologías y consumo de fármacos: Problemas de tipo circulatorio o respiratorio, así como la ingesta de medicamentos, pueden alterar la cicatrización y dificultarla. De ahí que estos sean aspectos a tener en cuenta a la hora de realizar el seguimiento de la cura.
  • Ingesta de alcohol y tabaquismo: Lógicamente, la presencia de sustancias tóxicas en el organismo afecta al sistema circulatorio, el cual es fundamental para que se lleve a cabo correctamente la cicatrización. Por lo que se recomienda no beber ni fumar tras experimentar una herida quirúrgica.

Una curación en cuatro fases… de duración diversa

Como ya hemos dicho, las heridas quirúrgicas tienen la ventaja de que se suturan rápidamente y se controlan en los días posteriores para limpiarlas y cuidar de que la cicatrización marche según lo esperado. De hecho, esta se alarga durante cuatro fases que pueden abarcar desde unas pocas semanas hasta los dos años.

Son las siguientes:

  • Fase de coagulación: Es la primera y más inmediata tras la lesión. Cuando el tejido sufre el traumatismo reacciona automáticamente para formar el coágulo y fomentar la hemostasia, de forma que la propia sangre sea la que detenga la hemorragia y pueda taponar la herida gracias a las plaquetas. No suele durar más de 15 minutos.
  • Fase inflamatoria: Los leucocitos entran en acción para limpiar de patógenos la herida y liberar sustancias que permiten consolidar la sutura e iniciar la reconstrucción del tejido. Por eso, es normal que se aprecie un engrosamiento del área afectada, dolor y enrojecimiento de la misma, en un proceso que puede durar hasta cinco o seis días.
  • Fase de proliferación: Ya está limpia y lista la zona para reconstruirse, por lo que poco a poco se regeneran el tejido y los vasos sanguíneos, se contraen y cierran los bordes de la herida y la misma se cubre a través de la acción del tejido epitelial. Se puede prolongar durante un período de tiempo de entre cuatro días y cuatro semanas.
  • Fase de maduración: Ya no hay herida y el nuevo tejido muestra las primeras señales de cicatrización y consolidación. Sin embargo, este es aún muy joven y sus fibras de colágeno necesitan madurar y fortalecerse para comportarse con normalidad. Lo habitual es que esta etapa no se alargue más allá de los dos meses, pero según qué casos y qué circunstancias, puede incluso extenderse durante un par de años.

Cada herida es única, pero la responsabilidad del paciente es clave

En definitiva, cada incisión quirúrgica tiene su propia historia y su propio proceso de curación. Y su tiempo de sanación dependerá de la zona afectada, de su tamaño y características, de la edad y estado de salud del paciente y del cuidado que se ponga a la hora de curarla. Aunque en condiciones normales, no se prolongará más allá de los dos meses o dos meses y medio para su completo restablecimiento.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que ninguna herida está libre de sufrir problemas como hemorragias o procesos infecciosos, por lo que es fundamental cumplir diligentemente con las pautas de curación que establezca el doctor, así como protegerla de agentes externos hasta su completo restablecimiento.

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Artículo validado por el Dr. Juan Carlos Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo en Hospital Ruber Juan Bravo (Quironsalud) y Director Médico en Oncocir.  Especialista en Cirugía General, Aparato Digestivo de Trasplante de Órganos (European Board Certified). Profesor Titular de Cirugía en la Universidad Europea de Madrid

 

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