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Colitis ulcerosa: ¿cuándo es necesario operar?

La Colitis Ulcerosa es, junto a la Enfermedad de Crohn, un tipo de Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII). Según un estudio realizado en 2016 por la Revista Española de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, se trata de un problema que en España afecta al 0.39 % de su población, por lo que hablamos de cerca de 200.000 personas que en este momento la sufren.

Además, hablamos de una patología que no deja de crecer, porque la incidencia de este tipo de enfermedades inflamatorias se ha multiplicado por 10 en el último cuarto de siglo. Así, ahora se reportan cerca de 2.000 nuevos casos al año en el país, lo que supone un incremento de cerca del 2.5 % anual. Esto podría deberse a la ingesta de más medicamentos y de antibióticos que tienen la capacidad para alterar la flora intestinal, así como el abuso de dietas que incluyen alimentos precocinados, principalmente en zonas urbanas.

De hecho, el origen de la Colitis Ulcerosa no está claro. Se han identificado casos en los que es el propio sistema inmunitario el que reacciona ante ciertos antígenos presentes en bacterias y comida. Y también se da por hecho que hay un fuerte componente genético detrás de bastantes casos, ya que se estima que el tener un familiar de primer grado que la padece aumenta entre 4 y 20 veces la predisposición a sufrirla durante la vida.  Por ello, resulta de gran importancia saber identificar sus síntomas y posibles complicaciones, toda vez que en su peor versión incluso puede originar cáncer de colon.

La importancia de identificar los síntomas para frenar su curso

En los casos de Colitis Ulcerosa, por su carácter crónico es fundamental identificar cuanto antes la enfermedad para establecer un tratamiento que ayude a controlarla y permita evitar una mala evolución. Sobre todo si afecta a personas jóvenes, dado que aunque puede aparecer a cualquier edad y sin distinción de sexo, se han identificado dos picos de incidencia principales: uno que ronda los 25-35 años y otro en personas de entre 65 y 75.

A diferencia de la Enfermedad de Crohn, la Colitis Ulcerosa afecta de forma mucho más localizada al intestino grueso y además lo hace con lesiones más superficiales. Así, sus principales zonas de incidencia son el ano, el colon y el recto, de manera que daña el revestimiento interno de estas regiones y provoca heridas de tipo ulceroso. Y lo hace con un una frecuencia inestable, porque durante su curso presenta etapas de brotes y de remisión, que se suceden sin un patrón fijo.

En concreto, estos son algunos de los síntomas que pueden aparecer a consecuencia de este problema inflamatorio:

  • dolor abdominal habitual en la zona del vientre, así como cólicos;
  • sangre y presencia de pus en las heces,
  • diarrea, tanto si es poco frecuente como si es habitual;
  • aparición de fiebre,
  • sensación de que no se evacúa correctamente el intestino a la hora de defecar,
  • pérdida de peso y anemia,
  • aparición de ruidos extraños en el intestino, semejantes a un gorgoteo o chapoteo, y
  • síntomas más variados, como nauseas y vómitos, hinchazón articular, inflamación en los ojos, llagas bucales, aparición de úlceras en la piel…

Normalmente la presencia o no de un determinado síntoma dependerá del tipo de Colitis Ulcerosa, ya que existen diversas clasificaciones en función de la zona del intestino que está más afectada: proctitis (zona cercana al ano), proctosigmoiditis (afectación del recto y el colon sigmoide), colitis izquierda (incluye también el colon descendente), etc. De ahí que, ante la aparición de signos que puedan delatar la presencia de esta enfermedad, sea recomendable acudir a un especialista para que valore al paciente.

Y es que, como hemos dicho, si esta enfermedad degenera y se complica puede provocar problemas de salud graves como estos:

  • incremento del riesgo de padecer cáncer de colon,
  • aparición de megacolon tóxico a consecuencia de su inflamación,
  • graves deshidrataciones,
  • perforación de colon,
  • riesgo alto de sufrir coágulos sanguíneos,
  • disminución de masa ósea (osteoporosis),
  • presencia de hemorragias internas,

La cirugía, la solución para los casos más graves que no responden al tratamiento

Habitualmente, ante la sospecha clínica de la presencia de una Colitis Ulcerosa, el gastroenterólogo o proctólogo se basará en pruebas radiológicas, endoscópicas e histológicas compatibles para emitir el diagnóstico definitivo. Y si este se confirma, valorará el estado del paciente y la gravedad del problema, de manera que en los casos más leves o moderados se pautarán sustancias y medicamentos como corticoides, antibióticos, 5-ASA, inmunosupresores y metotrexate.

Sin embargo, hay casos de mayor gravedad y de tipo agudo que no responden correctamente al tratamiento y que derivan en hemorragias incontroladas, perforaciones intestinales y alto riesgo de carcinoma colorrectal. Para estos, la solución recomendada es la intervención, en la cual se suele extirpar el colon entero y quizá alguna porción del recto. De esta forma, la cirugía puede implicar la apertura de una abertura en el abdomen para expulsar las heces (ileostomía), así como la conexión entre el intestino delgado y el ano para emular el funcionamiento digestivo normal.

Una dieta adecuada y mantener a raya el estrés, las mejores formas de prevenir

En conclusión, la Colitis Ulcerosa es una enfermedad intestinal crónica, por lo que no tiene cura. Pero existen tratamientos que son efectivos en una gran mayoría de casos, sobre todo si hay un pronto y correcto diagnóstico. En otros, cerca de uno de cada cuatro, será necesario llevar a cabo una intervención para extirpar la zona del intestino grueso más afectada, lo que lógicamente reducirá la calidad de vida del paciente, aunque permitirá paliar considerablemente sus síntomas y evitará su agravamiento.

Por sus características, no hay una manera de prevenir totalmente esta enfermedad. Pero sí se aconseja seguir una dieta adecuada y llevar un estilo de vida tranquilo y alejado del estrés para reducir las probabilidades de padecerla.

En concreto, se recomienda consumir alimentos de fácil digestión y de alto contenido en fibra, así como evitar o limitar la ingesta de grasas saturadas, de carbohidratos refinados, de alcohol y alimentos procesados que sean ricos en sal, azúcares o aditivos.  Así, con esto y la práctica regular de ejercicio, facilitaremos el correcto funcionamiento gastrointestinal y no pondremos fácil que la Colitis Ulcerosa haga acto de presencia en nuestras vidas.

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Artículo validado por el Dr. Juan Carlos Meneu, Jefe de Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo en Hospital Ruber Juan Bravo (Quironsalud) y Director Médico en Oncocir.  Especialista en Cirugía General, Aparato Digestivo de Trasplante de Órganos (European Board Certified). Profesor Titular de Cirugía en la Universidad Europea de Madrid

 

 

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